Las aguas residuales de las plantas de lavado de arena contienen una elevada proporción de sedimentos. Si se vertieran directamente, el importante contenido de arena tendría un grave impacto en los ríos. En consecuencia, esto causaría un daño considerable al medio ambiente. Sin embargo, el uso de la arena es inevitable en nuestra vida cotidiana; es indispensable para la construcción de edificios. Por lo tanto, con el fin de proteger el medio ambiente de nuestro país, los vertidos deben cumplir las normas reglamentarias antes de ser liberados, contribuyendo así a crear un entorno mejor. La depuración de las aguas residuales de las plantas de lavado de arena también reviste una importancia capital. Para el tratamiento de las aguas residuales de las plantas de lavado de arena se utilizan floculantes. Un floculante de uso común para la arena fina es la poliacrilamida aniónica (PAM), un polímero inorgánico de gran eficacia. Este producto químico contiene moléculas de alto peso molecular que se agrupan en grandes flóculos. Adsorbe rápidamente las partículas en suspensión presentes en las aguas residuales. Las partículas forman flóculos más grandes mediante puentes electrostáticos, lo que finalmente conduce a la sedimentación y permite purificar el agua. Si se utilizan cloruro de polialuminio y poliacrilamida en combinación, el proceso se vuelve más eficaz y ofrece mejores propiedades de deshidratación.
Productos químicos utilizados:
Poliacrilamida, cloruro de polialuminio
Proceso de tratamiento del agua: En primer lugar, se toma una muestra de las aguas residuales de la planta de lavado de arena. Se realiza una prueba en vaso de precipitados en un laboratorio profesional para determinar la dosis correcta de los productos químicos para el tratamiento del agua. A continuación, se prepara una solución con una concentración del 0,2 % al 0,3 %. Para ello se puede utilizar agua corriente del grifo. A continuación, la solución se añade a las aguas residuales. Es esencial agitar de forma continua y uniforme para garantizar una disolución completa. Este proceso debe prolongarse durante al menos una hora. El tanque de reacción debe supervisarse continuamente y la dosificación debe ajustarse según sea necesario para garantizar unos resultados óptimos en la purificación del agua.