El agravamiento del problema de la contaminación del agua ha llevado a un mayor reconocimiento de la importancia del tratamiento de las aguas residuales. En consecuencia, diversos agentes purificadores del agua han adquirido una gran demanda.
Sulfato poliférrico iEs uno de esos agentes. Como producto químico para el tratamiento del agua que ha ganado popularidad en los últimos años, su eficacia en la floculación y la sedimentación es comparable a la del cloruro de polialuminio. Sin embargo, ofrece menores costes operativos y demuestra un rendimiento superior en el tratamiento de aguas residuales que contienen fósforo. Veamos ahora su proceso de producción.
Durante la producción, se añaden ácido sulfúrico, sulfato ferroso y agua en proporciones específicas a un recipiente de reacción para su procesamiento. A continuación, el líquido resultante se transfiere a un reactor. Se introducen oxígeno y agentes oxidantes, como el nitrito de sodio, a modo de catalizadores, que reaccionan con el líquido hasta que los iones ferrosos se oxidan por completo. El líquido resultante se transfiere entonces a un tanque de moldeo. Por último, se transporta desde el tanque de moldeo a una torre de pulverización, donde se atomiza mediante boquillas de alta presión. Simultáneamente, se inyecta aire caliente procedente de un horno a altas temperaturas en la torre de pulverización. Esto seca rápidamente el sulfato poliferrico atomizado, formando el producto final sólido.
Es fundamental tener en cuenta que la basicidad plantea un reto importante durante la producción de polímeros a partir de sulfato férrico. No se debe dar por sentado que una mayor basicidad sea siempre preferible. El nivel óptimo de basicidad depende totalmente del caso concreto de aplicación. En general, la basicidad puede entenderse como la cantidad de iones OH⁻. Una mayor basicidad indica más iones OH⁻, lo que se corresponde con una mayor polimerización y cadenas moleculares más largas. Por el contrario, una basicidad más baja da lugar a cadenas moleculares más cortas. Una mayor basicidad indica más iones de hierro libres. Una mayor basicidad acelera las tasas de hidrólisis. Las cadenas moleculares más largas mejoran la floculación. Para aplicaciones que requieren un rendimiento de floculación superior, es preferible una mayor basicidad. Sin embargo, para la eliminación de fósforo o la remediación de metales pesados, es más ventajosa una basicidad más baja. Cuando se utiliza como solución para reducir el pH del agua bruta, también debe tenerse en cuenta el pH de esta.
Cabe señalar que el grado de basicidad del sulfato poliférrico en sí mismo influye significativamente en la estabilidad del producto. Unos grados de basicidad más altos comprometen la estabilidad, haciendo que la solución sea más propensa a la hidrólisis y la precipitación, lo que provoca turbidez y reduce el contenido de hierro. También afecta al almacenamiento y a la dosificación. No obstante, dentro del rango de basicidad del 8 % al 16 %, el producto se mantiene estable durante seis meses sin problemas.