Cloruro de polialuminio se ha convertido en un producto para la purificación del agua ampliamente reconocido. Al tratarse de una solución de tratamiento del agua excepcionalmente eficaz, muchos usuarios creen que aumentar la dosis mejorará los resultados de la purificación. Pero, ¿es esto realmente así? ¿Cuál es la relación entre la dosis de cloruro de aluminio polimerizado y su eficacia? Analicemos los datos proporcionados por los fabricantes.
Es de conocimiento general que, antes de emplear cloruro de polialuminio, deben realizarse pruebas basadas en los requisitos específicos del tratamiento de aguas residuales y los niveles de contaminación. Esto determina el método de purificación y la dosis adecuados. A la hora de tratar aguas residuales con cloruro de polialuminio, su correcta aplicación es fundamental. Por lo general, no es necesario utilizar cantidades excesivas de cloruro de polialuminio en el tratamiento de aguas residuales. Esto no solo aumenta los costes operativos, sino que también puede afectar negativamente a los resultados de la purificación. Si posteriormente se añaden otros productos químicos para el tratamiento del agua, la presencia de un exceso de cloruro de polialuminio puede inhibir las reacciones, lo que, en última instancia, compromete la eficacia del tratamiento.
El uso excesivo de cloruro de polialuminio suele generar lodos adicionales, lo que supone una carga innecesaria para los sistemas y equipos de filtración. Al mismo tiempo, un consumo elevado aumenta los costes operativos y puede alterar el valor del pH del agua tratada. Por último, el empleo de concentraciones excesivamente altas de cloruro de polialuminio puede provocar obstrucciones en los equipos. Por lo tanto, los inconvenientes del uso excesivo de productos de cloruro de polialuminio son considerables. Entonces, ¿cómo se debe determinar la dosis?
Al emplear productos de cloruro de polialuminio, es aconsejable realizar experimentos preliminares basados en las características del agua bruta para determinar la dosificación óptima. En general, se recomienda una concentración de preparación del 2-5 %. Posteriormente, disuelva el producto utilizando una proporción de sólido a agua limpia de aproximadamente 1:5. A continuación, se puede realizar una dilución adicional con agua. Es importante señalar que las soluciones con una concentración inferior al 1 % pueden sufrir hidrólisis, lo que compromete su eficacia. Por el contrario, unas concentraciones excesivamente altas pueden provocar un desperdicio. Por lo tanto, la dosificación debe ajustarse a la concentración óptima determinada experimentalmente. Durante el funcionamiento, se deben supervisar los patrones de floculación y sedimentación, ajustando la dosificación rápidamente para garantizar un rendimiento óptimo.