Con el avance de la industrialización y la urbanización, el volumen de aguas residuales municipales generadas ha ido aumentando año tras año. Esto plantea importantes retos para las plantas de tratamiento de aguas residuales urbanas. Es importante señalar que tanto las aguas residuales municipales como los efluentes industriales suelen tratarse en plantas de tratamiento de aguas residuales, y solo pueden verterse una vez que cumplen las normas de emisión exigidas. Un problema importante de estas aguas residuales es su elevada turbidez y los niveles residuales de sustancias como la DQO, los SS y la DBO. El vertido de aguas residuales sin tratar causaría una grave contaminación ambiental. Por lo tanto, es fundamental un tratamiento eficaz de dichas aguas residuales.
Por lo general, las aguas residuales municipales convencionales pueden tratarse mediante métodos microbianos, físicos y químico-orgánicos. En circunstancias normales, la adición de productos de cloruro de polialuminio (PAC) permite lograr un tratamiento eficaz. Sin embargo, para mejorar la eficacia del tratamiento del agua, también debe incorporarse al proceso poliacrilamida catiónica. Tras su adición, la separación de los lodos puede realizarse mediante tanques de sedimentación de placas inclinadas y sedimentación por gravedad.
¿Qué hay que tener en cuenta durante la aplicación? El pH del agua. Es importante tener en cuenta que el pH influye significativamente en la eficacia química. Por lo tanto, cuando la alcalinidad es insuficiente, deben añadirse agentes como la cal para complementarla. Si el pH es excesivamente alto, debe añadirse ácido para ajustarlo a un valor neutro. Por lo general, los floculantes de alto peso molecular se ven menos afectados por el pH. Otro factor crítico es la temperatura del agua. La temperatura del agua influye directamente en la velocidad de hidrólisis de los floculantes y en la velocidad de formación de los flóculos. La hidrólisis es una reacción endotérmica; las temperaturas más bajas ralentizan este proceso. La reducción del movimiento molecular a temperaturas más bajas impide la unión química. En consecuencia, incluso aunque se aumente la dosis de producto químico, la formación de flóculos sigue siendo lenta a bajas temperaturas, lo que da lugar a estructuras relativamente sueltas. Sin embargo,
poliacrilamida muestra un comportamiento diferente. Las bajas temperaturas apenas le afectan. No obstante, conviene actuar con precaución ante temperaturas excesivas del agua durante la aplicación, ya que las altas temperaturas pueden generar subproductos insolubles que comprometan la eficacia de la floculación. Al tratar aguas residuales municipales o efluentes industriales, es imprescindible respetar estrictamente la secuencia de dosificación de los productos químicos. Normalmente, se añade primero el cloruro de polialuminio para iniciar la reacción, seguido de la poliacrilamida. Debe respetarse estrictamente el orden entre ambos. De no hacerlo, la eficacia del tratamiento podría verse reducida o resultar completamente ineficaz.